Hidroeléctrica en el corazón del Amazonas podría generar un desastre ecológico

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La decisión de construir la central de energía de Sao Luiz de Tapajós despierta la resistencia de las organizaciones ambientales y un profundo debate al interior del Gobierno

 

André Borges Itaituba y Trairao (Pará)

La decisión del Gobierno de construir la última gran hidroeléctrica de Brasil puede imponer un costo ambiental sin precedentes en la historia del país. La central de Sao Luiz do Tapajós, con potencia solo por debajo de Itaipu, Belo Monte y Tucuruí, produciría 6.133 megawatts (MW) de energía a partir de la construcción de una muralla de 3.483 metros de extensión atravesada en el corazón de la Amazonia.

 

Esa pared, de 39 metros de altura, equivalente a un predio de 13 pisos, se erguiría en una de las áreas más protegidas de la región: el Parque Nacional de la Amazonia, la primera unidad de conservación demarcada en la denominada Amazonia Legal. Con otras once unidades, esa área forma el inmenso complejo de la cuenca de Tapajós, el mosaico de biodiversidad más grande del planeta.

 

Pero lo que está en juego es la inundación total de 1.368 kilómetros cuadrados de bosque virgen, un área casi del tamaña de la ciudad de San Pablo, equivalente a dos veces y media la inundación que causará la hidroeléctrica de Belo Monte, en construcción en el río Xingu, también en el estado de Pará.

 

Con la central de Sao Luiz -y también Jatobá, segunda hidroeléctrica planificada para el río-, Brasil agregaría 8.471 MW a su matriz energética. En Belo Monte, donde el lago es de 516 km cuadrados, la potencia es de 11.000 MW.
Durante una semana, Valor recorrió toda la región por ruta, bosque y por el río Tapajós, escuchando especialistas ambientales, técnicos en energía, líderes del gobierno, gente que vive a la vera del río, indios, buscadores de metales preciosos y la población de los municipios que alcanzará en forma directa el emprendimiento.

 

La construcción de Sao Luiz y Jatobá no es todavía un hecho consumado. Los proyectos están en etapa de relevamiento para la elaboración de un informe de impacto ambiental, trabajo que están ejecutado cerca de cien investigadores de empresas contratadas por Eletrobras, un grupo de técnicos que sube y baja el río el día entero.

 

Aunque los estudios estén en etapa preliminar, las polémicas en torno de los emprendimientos aumentan y dan una idea de la dificultad que deberá afrontar el gobierno para llevar adelante el plan de levantar hidroeléctricas en una Amazonia donde están las tierras y los ríos más preservados del país.

 

El Tapajós presenta una situación inédita para el gobierno. Nunca actuamos en un área preservada como esa región”, afirmó el presidente de la Empresa de Investigación Energética (EPE), Mauricio Tolmasquim. En emprendimientos como Jirau y Santo Antonio, que están concluyéndose en las proximidades de Porto Velho (Roraima), las hidroeléctricas funcionaron -al menos teóricamente-como vector de desarrollo social de la región. Ese mismo argumento también sustentó la licencia otorgada a Belo Monte, que prevé, por ejemplo, la relocalización de aproximadamente 7.000 familias.

 

En Tapajós es diferente. Itaituba, el mayor municipio de la región, con 110.000 habitantes, está a casi 70 kilómetros debajo del lugar previsto para la muralla de Sao Luiz y no se verá muy afectado. En general, el impacto socia llega a las comunidades que viven a orillas de los ríos y aldeas indígenas. Pero el impacto es profundo en el ambiente.
“Tenemos total interés en preservar el ambiente lo máximo posible. El tema es saber si la construcción de las centrales es incompatible con la preservación. Nosotros creemos que los proyectos son viables”, dijo Tolmasquim.

 

Para viabilizar los estudios de Sao Luiz y de Jatobá, la presidenta Dilma Rousseff publicó en enero un decreto (convertido en ley en junio), reduciendo las unidades de conservación en las áreas que se verán afectadas por las obras. El decreto fue rechazado por el Procurador Genera de la República, Roberto Gurgel, y está en manos del Supremo Tribunal Federal (STF), que evalúa la constitucionalidad de la medida.

 

A pesar de que el gobierno argumenta que la “desafectación” de las áreas tiene el único propósito de liberar la etapa de estudios de las centrales, Valor verificó que la reducción de los bosques incluye toda el área planificada para la construcción de las hidroeléctricas, incluyendo sus el sector para la obra y el área que será inundada.

 

La gran diferencia de esos emprendimientos con respecto a una hidroeléctrica como Belo Monte, por ejemplo, es que más de la mitad del bosque de la central del río Xingu tenía algún tipo de actividad antes de que se permitiera el proyecto. En el caso de Tapajós, prácticamente todo está preservado.

 

El gobierno señala que no redujo las áreas de conservación. Al contrario, los bosques se ampliaron en 20.939 hectáreas. Pero de las ocho reservas que sufrieron los cortes, apenas dos fueron reposicionadas en algún otro punto. “Las áreas que se ampliaron no tienen, ni lejanamente, la relevancia ambiental de las regiones que se inundarán. Es lamentable. Ese argumento de la ampliación es un insulto a la inteligencia de las personas”, dijo Brent Millikan, director de la organización Amazonia International Rivers.
La reducción de los bosques afectó, principalmente, el Parque Nacional de Amazonia, decisión que causó indignación en técnicos y analistas ambientales de la región. “Estábamos trabajando a mil por hora en el plan de manejo del parque. De repente, nos avisaron que parte del parque simplemente sería desafectada”, dijo María Lucia Carvalho, jefe de Parque Nacional de Amazonia, vinculado al Instituto Chico Mendes de Biodiversidad (ICMBio). “Fueron cuatro años de trabajo para nada. Recibimos ese baño de agua helada, se perdió todo el trabajo”.

 

En el parque se catalogaron más de 390 especies de aves y otras 400 de peces. La riqueza entre los mamíferos incluye animales en extinción como la onza pintada, la onza roja, tamanduá-bandera, y jaguatirica. En el área de la muralla de Sao Luiz, hay una de las tantas formaciones de piedras que, durante el período de sequía -que alcanza su auge en septiembre- se transforman en inmensos corredores ecológicos para la travesía de animales de un margen a otro del Tapajós.

 

Existe también preocupación con los peces, debido al cambio del flujo del río.

 

Tomado de.

http://www.cronista.com/especiales/Hidroelectrica-en-el-corazon-del-Amazonas-podria-generar-un-desastre-ecologico-20120726-0046.html